Osho,”El Maestro de arco Zen”.

Herrigel aprendía con un Maestro zen. Estuvo aprendiendo el arte del tiro con arco durante tres años seguidos. Y el Maestro siempre le decía: “Está bien. Todo lo que haces está bien, pero no es suficiente”. Herrigel mismo llegó a ser un maestro del tiro con arco. Su puntería alcanzó el cien por cien de efectividad y aún así el Maestro le decía, “Lo estás haciendo bien, pero no es suficiente.
“¡Con el cien por cien de efectividad!” decía Herrigel: “¿Qué es lo que esperas? ¿Cómo he de progresar? Si tengo un cien por cien de efectividad?, ¿cómo puedes pedir algo más?”.
Se dice que el Maestro zen le dijo, “Me trae sin cuidado tu destreza o tu puntería. Me preocupas tú. Te has convertido en alguien técnicamente perfecto. Pero cuando la flecha parte de tu arco, no eres consciente de ti; por eso es algo fútil. No me preocupa el que la flecha acierte en la diana. Me preocupas tú! Cuando apuntas con el arco, en tu interior has de apuntar con tu consciencia. Aunque yerres el blanco, no importa, pero es el blanco interno el que no debe ser errado, y ahí estás fallando. Te has vuelto técnicamente perfecto, pero eres un imitador. Pero para una mente occidental, en realidad, para una mente moderna –y la mente occidental es la mente moderna- es muy difícil el concebir esto. Parece no tener sentido. El arte del tiro con arco se ocupa de alcanzar una determinada eficiencia en dar en el blanco.
Poco a poco Herrigel se fue sintiendo desencantado y un día dijo, “Voy a dejarlo. Me parece algo imposible. ¡Es imposible! Cuando estás apuntando a algo, tu consciencia se enfoca en el blanco, en el objetivo, y si has de convertirte en un gran arquero te has de olvidar de ti mismo, te has de centrar solamente en la diana, en el blanco, y olvidarte de todo lo demás. Sólo debe existir el blanco. Pero el Maestro zen trataba continuamente de forzarlo a que creara en su interior otro objetivo. Esta flecha ha de estar dirigida en dos sentidos: apuntando externamente al objetivo y apuntando continuamente hacia el interior, hacia el Yo.
Herrigel dijo, “Ahora lo dejo. Me parece algo imposible. Tus condiciones son imposibles. Y el día de la partida se encontraba simplemente sentado. Había acudido a despedirse del Maestro y el Maestro apuntando a otro blanco. Había allí otro alumno y por primera vez Herrigel no estaba involucrado. Había acudido a despedirse: estaba sentado. Cuando el Maestro acabara con su clase, partiría. Por primera vez no estaba implicado.
Entonces, de repente, se dio cuenta del Maestro y de la consciencia doblemente dirigida del Maestro. El Maestro estaba apuntando. Durante tres años había estado con el mismo Maestro, pero estaba más preocupado con su propio esfuerzo. Nunca había observado a ese hombre, lo que hacía. Por primera vez lo vio y supo; y de improviso, espontáneamente, sin esfuerzo alguno, se acercó al Maestro, tomó el arco de sus manos, apuntó a la diana y disparó la flecha. Y el Maestro dijo, “¡Bien! Es la primera vez que lo has logrado. Me siento feliz”.
¿Qué era lo que había hecho? Por vez primera estaba centrado en sí mismo. El blanco estaba allí, pero él también estaba presente. Hagas lo que hagas, no importa que sea el tiro con arco, sea lo que sea que hagas, incluso simplemente estando sentado, mantente consciente en sentido doble. Recuerda lo que sucede en el exterior y recuerda también al que está en el interior.